Del tamagotchi de Aristóteles

Aristóteles con un tamagotchi

No sé si recordarán los tamagotchis. Eran unos juguetes electrónicos que salieron al mercado en 1996 y causaron furor entre los más jóvenes. Creados por la multinacional japonesa Bandai, se vendieron más de 40 millones de unidades en apenas dos años. El éxito fue imitado con innumerables versiones y nuevas generaciones del original, hasta llegar a nuestros días, con casi 100 millones de tamagotchis vendidos.

Y, a todo esto, ¿qué es un tamagotchi? Pues se trata de la primera mascota virtual. Un sencillo ser de existencia electrónica al que se debe cuidar, alimentar, acicalar y atender para que crezca feliz. En función de la calidad de nuestros cuidados y atenciones, el bebé indefenso se convierte en un niño bueno o revoltoso, que dará lugar después a un adolescente más o menos complicado, que finalmente llegará a una edad adulta arrastrando su correspondiente dosis de traumas infantiles.

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A propósito de una Olivetti

Ahora que, gracias a “Ciutadella de Franc”, soy por fin un escritor consagrado, llegó el momento de adquirir los instrumentos tradicionales de mi nuevo oficio. Por mi profesión —economista— y por mi afición —programador—, tengo distintos ordenadores, que son en los que habitualmente escribo mis textos y artículos. De acuerdo con el imaginario colectivo, sin embargo, la herramienta imprescindible que debe tener todo escritor que se precie, al menos desde principios del siglo XX, es una máquina de escribir. Buscando por Internet, con la excusa de que era mi cumpleaños, pude hacerme a precio de ganga con una mítica Olivetti Lettera 32, y digo mítica no por casualidad: en una máquina como esta escribió Cormac McCarthy todas sus obras; también Philip Roth fue asiduo a este modelo ultraportátil e incluso Francis Ford Coppola la utilizó para escribir el guion de “El Padrino”, la genial adaptación de la novela homónima de Mario Puzzo, por no hablar del afamado premio Nobel de literatura, Bob Dylan, un mecanógrafo consumado.

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La Singularidad y los Nuevos Dioses

2001: Una odisea en el espacio

No cabe duda de que la tecnología cada vez tiene un papel más importante en nuestra vida y que, de hecho, la condiciona cada vez más. Pensemos por ejemplo en cómo nos comunicamos, en cómo compramos, cómo pagamos o accedemos a servicios e incluso en cómo nos relacionamos: sería irreconocible e inimaginable para una persona de principios de los 90, antes de la explosión de Internet y los dispositivos móviles. Nuestra dependencia tecnológica es tal que no estamos tranquilos sin tener nuestro teléfono móvil cerca para cerciorarnos de estar conectados (y no perdernos ninguna notificación en tiempo real). Todo tiene que ser inmediato o no nos sirve. (más…)