«No sabemos lo que nos pasa y eso es lo que nos pasa»
—José Ortega y Gasset
A veces, uno empieza a escribir y no tiene muy claro hacia dónde le llevarán las palabras. Hay algo misterioso en dejar que las frases busquen sus propios caminos, se entrelacen entre sí y, poco a poco, vayan conformando una historia, un artículo, una opinión. Me pregunto muchas veces de dónde vendrán, qué pretenden, si es que quieren algo por sí mismas o si soy yo quien quiere alguna cosa de ellas, si son de verdad mías o simplemente alguien o algo me las presta, más allá del puro azar combinatorio que supone sentarse frente al teclado y abrir las compuertas de la imaginación. Veamos hasta dónde nos llevarán hoy…
Hace poco, poco tiempo, aunque alguno ya, en un pequeño reino junto al mar, creció un niño, alto y algo desgarbado, llamado Doménico, que con sus ocurrencias hacía reír a sus mayores. Su fama fue creciendo a medida que lo hacía él, y con sus historias, siempre inventadas, entretenía a su familia y vecinos, por más disparatadas que fueran.
Ese era, al fin y al cabo, su talento: tener ocurrencias graciosas. Su mundo era pura fantasía y nada de lo que decía era verdad. Imaginativo como el que más, y ligero en sus palabras al no tener que cargar con el peso de una cultura, sus disparates, por lo sonados que eran, divertían hasta a las personas más serias. No todos se reían de sus historias: otros se reían simplemente de él, pero la crueldad es un rasgo que, desgraciadamente, abunda en todas partes.
(más…)