Michel era, ante todo, pacifista. Su ideología era internacionalista, y más próximo al anarquismo que a cualquier otra tendencia, si bien nunca justificó ni utilizó la violencia. Sus convicciones, sin embargo, no le libraron de hacer el servicio militar, que, como todos en aquel tiempo, incluía dos años completos de instrucción y servicio por la patria. Parece ser que con eso quedaron absolutamente colmadas sus ganas de llevar uniforme y armas para toda una vida. Se quejaba amargamente, además, de que la gorra que le hacían llevar y que le daba tanto calor era lo que le había dejado calvo. No es de extrañar, por tanto, que no tuviera ninguna vocación militar.
Me contaban en casa de pequeño que mi bisabuelo era un caso perdido en esto de las guerras. Dos veces le habían llamado a las armas y en ambas ocasiones había, más o menos, declinado gentilmente la oferta de ir a matar o a morir.
De la primera ocasión no tengo noticias. No sé si lo movilizaron como francés para la primera guerra mundial, o si se trató de alguna de las guerras españolas en África, pero lo cierto es que fuera la que fuese, decidió no ir. Cómo se salvó de castigos mayores es algo que desconozco, ya que la deserción no es algo que los militares traten a la ligera. Con su elegancia natural, en cualquier caso, lo cierto es que no combatió y estaba muy contento por ello.
(más…)