Las cosas que escribo no pretenden cambiar el mundo. Las cosas que escribo tampoco pretenden decorarlo. Las cosas que escribo se limitan, en general, a dejarse escribir y, por ello, acostumbran a ser verdad, incluso aunque se trate de ficción. Las cosas que escribo no tienen otro propósito que salir de mí y quedarse agazapadas en el papel, esperando a algún lector incauto que probablemente no llegue nunca.
Las cosas que escribo son, en ocasiones, algo rencorosas. No porque yo lo sea, sino porque se sienten olvidadas por sus hermanas mayores, las cosas que publico. Las cosas que publico tienen una mejor presencia y tratan, además, de cambiar el mundo o de decorarlo. Tampoco son mentira, aunque muchas veces tampoco acaben de ser verdad. Las cosas que publico no muestran ningún interés por las cosas que escribo, que son las hermanas pequeñas, siempre más desgarbadas, menos organizadas e incluso algo torpes.
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