Les sanglots longs / Des violons / De l’automne
Blessent mon cœur / D’une langueur / Monotone.
─ Verlaine
Boris Vian, máximo exponente del surrealismo literario francés y, además, excelente trompetista de jazz, publicó una novela con este mismo título. En sus primeras páginas aclaraba que no sucedía en otoño ni en Pekín, por lo que mi artículo le lleva alguna ventaja: sí que transcurre en otoño, aunque probablemente tampoco lo haga en Pekín. A cambio, pese a que me encanta el jazz, no sé tocar la trompeta.
Ya está aquí el otoño o, al menos, eso nos dice el calendario. El calor veraniego nos acompaña aún a ratos, pero no con la ferocidad que lo ha hecho en julio y agosto. El cambio climático ─nos dicen unos─, inventos progres ─dicen otros─, pero ni unos ni otros recuerdan un verano en el que haya hecho más calor en Menorca (o en Pekín). Por esta parte, al menos, el otoño nos regala una tregua.
También nos da un respiro el fin de la temporada alta turística: las carreteras vuelven a ser algo más transitables, recuperamos algunas de las playas a las que tenemos vetado el acceso en verano y es más probable que encontremos mesa libre en nuestros restaurantes favoritos. Pasear por el centro de las ciudades deja de ser un ejercicio de contorsionismo y aparcar no es ya una gran odisea.
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