Jorge Luis Borges, en su cuento «Pierre Menard, autor del Quijote», explicaba la historia de un hombre que había sido capaz de escribir, tras muchos años de estudio, el Quijote tal y como lo redactó Miguel de Cervantes, palabra por palabra, idéntico. El relato era una inmensa broma metaliteraria en la que se valoraba el gran mérito que tenía a nivel filológico el trabajo de Menard.
Mi historia, por el contrario, es verídica. Segundo Petrus fue, sin duda, una persona original. Empezando por su nombre, que le fue puesto precisamente porque nació el segundo en un tiempo donde no había ecografías. Sus padres habían elegido un nombre para el caso de tener un niño, como fue el caso, Edmundo, pero no contaban con un nombre en reserva para un parto múltiple, así que cuando asomó una segunda cabeza, se consumó su destino: Segundo para siempre.
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