Un lugar donde vivir

Los que conocen mis actividades más allá de este artículo mensual, saben que el problema de acceso a la vivienda es una de las cuestiones a las que más energía dedico. Es sin duda uno de los problemas más graves e inmediatos a los que nos enfrentamos como sociedad.

La vivienda, tanto en compra como en alquiler, se ha encarecido mucho como resultado de distintos fenómenos separados pero que afectan a un mismo mercado. Por una parte, cada vez somos más los que vivimos en esta isla ─de este tema podemos hablar con más calma otro día─, y, desde el primero hasta el último, todos necesitamos un lugar en el que vivir. Por tanto, la demanda no deja de crecer, lo que impone una presión alcista en los precios. Además, otras muchas personas que no viven habitualmente en Menorca han decidido que quieren también una vivienda aquí, por lo que se compran casas y pisos que no se destinarán a ser vivienda habitual, sino segundas residencias. Cuando esos compradores, además, vienen de regiones o países con un poder adquisitivo más alto, están en condiciones de pagar precios mayores, fuera del alcance de los sueldos menorquines. Eso implica más demanda y, con ello, mayor presión sobre el precio. Otros, además, han descubierto que la vivienda puede ser un muy buen negocio, y compran viviendas para alquilarlas, pero no siempre como vivienda habitual, sino como alquiler de temporada, como alquiler turístico o alquilando por habitaciones, con lo que consiguen rentabilidades mucho más altas. Como se trata de un negocio, el precio máximo a pagar lo determina el dinero que es capaz de generar esa vivienda, que, de nuevo, es en general muchísimo más de lo que puede pagar alguien con una nómina normal. De nuevo, más presión sobre el mercado.

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El reto de la construcción industrializada

Construcción industrializada: paneles bidimensionales

Últimamente se está hablando mucho —y creo que es bueno que sea así— de la construcción industrializada. Como en todo tema que se pone de moda, hay algo de información, alguna especulación y, sobre todo, mucha opinión. Se habla de construcción industrializada cuando, en realidad, sería más adecuado hablar de industrialización de la construcción. El PERTE impulsado por el Gobierno de España, con una inversión pública de 1.300 millones, ha ayudado sin duda a visibilizar esta propuesta, que tiene defensores entusiastas y detractores acérrimos.

Las soluciones que propone la industrialización son muy variadas en naturaleza, aplicación, costes y prestaciones, con distintos niveles de complejidad que condicionan también su uso y destino: desde viviendas modulares completas, en las que no hay que hacer mucho más que adecuar el solar y conectarlas a los distintos suministros, hasta soluciones a más pequeña escala, como los módulos tridimensionales y los paneles bidimensionales que permiten la edificación prácticamente como si se tratara de un juego de construcción, ensamblándose como piezas de Lego, pasando por soluciones a una escala incluso menor, que resuelven algunas cuestiones edificativas concretas.

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Un verano refrescante

Aire acondicionado

Ya es oficial: el verano ha llegado y lo ha hecho con toda su fuerza. Vamos saltando de ola de calor en ola de calor, como un interminable juego de la oca en el que lo extraordinario es tener un día con las máximas por debajo de treinta grados centígrados. A la sensación física de calor, a la que contribuyen, además de los grados, la humedad, hay que añadir estos días la sensación algo más espiritual de bochorno. El resultado de la combinación de ambos es un perpetuo sofoco que no nos da tregua y que, además, tampoco ayuda a disfrutar de esta época estival con el mejor de los humores posibles. La buena noticia es que el hecho de que el termómetro no se mueva de los treinta grados es una clara evidencia de que no hay cambio climático, un puro invento de los científicos para asustarnos y obligarnos a dejar los envases en el contenedor amarillo.

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De paraísos perdidos

Playa paradisíaca Menorca

“The mind is its own place, and in itself can make a heaven of hell, a hell of heaven”
― John Milton, Paradise Lost.

Los que hemos tenido la suerte de nacer o criarnos en Menorca pensamos que esta isla es un paraíso. Los que, además, por estudios, trabajo o cualquier otra circunstancia hemos tenido que vivir fuera de ella durante años, no solo lo pensamos, sino que lo confirmamos. Que sea un paraíso no quiere decir, como es obvio, que sea el Paraíso, pero sí que por sus dimensiones, por su clima, por su naturaleza, por su paisaje, por su ubicación, por su población, ofrece una calidad de vida muy alta, que, por supuesto, se paga por otra parte con otras muchas limitaciones que tienen que ver, precisamente, con el hecho de que es una pequeña isla: menores oportunidades profesionales, más dificultades para viajar, incluso cuando estamos obligados a ello, menor oferta en muchos ámbitos, etc. La escala de la isla y el hecho de que varios mares consecutivos nos separen del continente han marcado nuestra historia y nuestra cultura. Lo que no pensábamos es que también marcarían tanto nuestro presente y, por lo que puede verse hoy, también nuestro futuro de una forma tan dramática.

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La isla de los monipodios

Para A., por prestarme unos zapatos que he tardado diez años en calzarme.

Hace mucho, mucho tiempo, aunque tampoco tanto como para no recordarlo, en una pequeña isla de nombre desconocido en medio de un inmenso mar, vivía un pueblo honesto, sencillo y trabajador. Estar en el margen de la geografía les había dejado, también, al margen de la historia, más allá de algunos acontecimientos remotos que habían salpicado, siglos atrás, sus costas. De espaldas al mundo y a sus problemas, la isla era cuna de unas gentes humildes que cultivaban la tierra, criaban ganado, pescaban y se dedicaban a oficios tradicionales, como hicieron sus padres y, antes que ellos, sus abuelos, desde el principio mismo de los tiempos.

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De afectos y efectos

Laurence J. Peter

Hoy quiero hablarles de un concepto básico para entender el mundo en el que vivimos y, en la medida de lo posible, sobrevivir a nuestros prójimos y a nosotros mismos: el efecto Dunning-Kruger. Pese a lo sonoro de su nombre, lo que describieron los psicólogos David Allan Dunning y Justin S. Kruger en 1999 es un curioso sesgo cognitivo que sufrimos todos y que tiene que ver con cómo valoramos nuestras propias capacidades. Lo que descubrieron estos investigadores en 1999 es que las personas con competencias limitadas en cierta materia tienden a sobrevalorar sus propias capacidades, mientras que las personas con competencias muy desarrolladas, por el contrario, tienden a infravalorarlas. Aunque el efecto fue probado inicialmente en competencias concretas, como el razonamiento lógico, la gramática y habilidades sociales, se ha demostrado que está presente en otros muchos ámbitos de conocimiento, como en los negocios, la política, la medicina, la conducción, la memoria espacial o incluso las capacidades de lectura.

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Érase una vez una crisis

Érase una vez, hace poco más de una década, un país que iba bien. Un país que iba muy bien. Tan bien iba todo en ese país que cualquiera, independientemente de su trabajo, sus rentas y sus ahorros, podía comprarse una vivienda y, además, amueblarla a la última y cambiar de coche.

En ese país de ensueño, a nadie le faltaba de nada: bastaba con elegir una casa, ir a ver a unos señores muy amables y firmar unos papeles, y todo cambiaba para bien: nueva vivienda, dinero en el bolsillo y a gozar de la vida. Así de fácil. A nadie le faltaba el trabajo y todo el mundo vivía feliz. A estos señores tan amables que convertían firmas en sueños les iba todavía mejor y por eso podían comprarse casas todavía más grandes y tener más dinero en el bolsillo. (más…)

Coto a la piratería

De acuerdo con el Observatorio de la Piratería, se estima que durante 2014 la piratería ocasionó unas pérdidas de 1.700 millones de euros a las industrias culturales, o, lo que es lo mismo: dejaron de ganar un importe equivalente a la mitad de sus ingresos reales. Independientemente de que se pueda considerar adecuada o no la metodología empleada para determinar este importe, y que quizás sea un poco aventurado incluir el fútbol como una “industria cultural”, lo que resulta claro es que el problema tiene una magnitud considerable. (más…)

Híper-usureros recalcitrantes

La usura es el interés que se cobra (o se paga) por un préstamo. Y no lo digo yo, lo dice el diccionario de la Real Academia, que también nos da otra acepción que, curiosamente, es la que tiene un uso más habitual: “interés excesivo en un préstamo”. Usurero es, por tanto, quien cobra dicho interés excesivo. (más…)

Emprender en perspectiva

Innovación, emprendedores, startups, tecnología, economía del conocimiento, cambio de modelo productivo… Estas inocentes palabras articulan ahora mismo la mayoría de los discursos políticos en el ámbito económico de casi todas las formaciones y partidos, y a fuerza de abusar de estos términos, han acabado perdiendo todo su valor. (más…)