Un verano refrescante

Aire acondicionado

Ya es oficial: el verano ha llegado y lo ha hecho con toda su fuerza. Vamos saltando de ola de calor en ola de calor, como un interminable juego de la oca en el que lo extraordinario es tener un día con las máximas por debajo de treinta grados centígrados. A la sensación física de calor, a la que contribuyen, además de los grados, la humedad, hay que añadir estos días la sensación algo más espiritual de bochorno. El resultado de la combinación de ambos es un perpetuo sofoco que no nos da tregua y que, además, tampoco ayuda a disfrutar de esta época estival con el mejor de los humores posibles. La buena noticia es que el hecho de que el termómetro no se mueva de los treinta grados es una clara evidencia de que no hay cambio climático, un puro invento de los científicos para asustarnos y obligarnos a dejar los envases en el contenedor amarillo.

Este artículo pretende ser un simple compendio de trucos fáciles para sobrevivir a estos ardores veraniegos con el mínimo esfuerzo. Si me lo permiten, una especie de guía de supervivencia para el verano que, de seguro, les ayudará a sobrellevar los peores rigores de esta tórrida estación. No pretendo entrar en valoraciones innecesarias sobre el motivo que hace imprescindible recurrir a estas estrategias de subsistencia, cuestión que dejo, en todo caso, a juicio de los lectores. Vamos allá.

Para los que no tengan aire acondicionado en casa, varias son las estrategias a seguir cuando el mercurio no da tregua a los termómetros y se quiere disfrutar un merecido descanso térmico vacacional. La primera es la que llamo «turismo de aire acondicionado», que tiene, a su vez, unas cuantas variantes. La versión low cost consiste simplemente en quedarse en lugares públicos donde sí haya aire acondicionado. La lista es aquí interminable: bancos, administraciones públicas, salas de espera de clínicas y consultas médicas, dentistas, bibliotecas… Lo importante es poner cara de estar esperando y fingir, de tanto en tanto, alguna impaciencia. En mi experiencia, las sillas y butacas más cómodas corresponden a las consultas privadas, aunque hay que pasar el filtro de la recepción y las conversaciones suelen orbitar en torno a las cuestiones que motivan la visita al médico. Es por ese motivo que los hospitales parecen saturados en verano. No es que falte personal o recursos. En realidad, la mayoría de la gente está allí simplemente para estar al fresco mirando el móvil. Las administraciones, por el contrario, no suelen tener grandes espacios de espera y, caso de tenerlos, sus sillas no suelen ser las más cómodas. Las bibliotecas tienen múltiples ventajas, como proporcionar prensa, libros y música, pero en general tienen horarios algo reducidos en verano y no acostumbran a ser el mejor lugar para iniciar conversaciones. Existen muchas alternativas, como el aeropuerto, pero tienen sus handicaps, como el tema de aparcar allí. Otras versiones de esta misma estrategia consisten en autoinvitarse a casas de amigos y familiares que sí tengan aire acondicionado, lo que permite, además, disfrutar de algún piscolabis extra a coste cero.

La versión de pago básica de esta estrategia consistiría en ir a la cafetería o al bar, pero aquí sí que habrá que pagar la consumición. Y la versión premium, que, según tengo observado, es la más habitual, consiste en subirse al coche y deambular de un lado a otro de la isla, sin ningún rumbo en concreto y a una velocidad baja para disfrutar bien del paisaje, del fresquito del aire acondicionado y consumir el mínimo combustible. Digo que es lo más habitual porque nuestros gobernantes insisten en que no hay colapso ni saturación y que, por lo tanto, tampoco es necesario limitar el acceso de vehículos a Menorca. Entiendo por tanto que si hay problemas circulatorios se debe exclusivamente a que los menorquines residentes que no tienen aire acondicionado en casa no hacen otra cosa que pasearse a todas horas en su coche para estar fresquitos… Les rogaría a todos estos conciudadanos que, para apoyar la versión oficial de que no hay problemas de saturación ni de colapso, optaran por alguna de las otras estrategias explicadas, que no implican mover el coche.

Otra truco que recomiendan los expertos para estos días de calor es hidratarse, remojarse bien para refrescarse y protegerse adecuadamente del sol. Como sé que el tema de las piscinas municipales genera algunos acalorados debates y aquí, de lo que se trata, es de no acalorarse, los evitaremos. Los afortunados que cuentan con piscina propia, individual o compartida, pueden saltarse esta parte. Para los demás, volvemos a las estrategias low cost. La primera, ir a casa de un amigo o familiar con piscina -quien tiene un amigo, tiene un tesoro, especialmente si tiene piscina en esta época y una nevera con bebidas en frío a mano-. Como el tema de los parques acuáticos también está calentito, no lo mencionaremos: no quisiera deslizarme por un tobogán de malentendidos. La otra opción lógica es, por lo tanto, ir a la playa. Esta última también es excesivamente popular entre los menorquines, al parecer, ya que, como comentaba antes, la versión oficial es que la isla no está masificada ni saturada por los turistas. La única conclusión lógica, por tanto, es que quienes ocupan las playas de lado a lado y acaban poniendo su toalla y su sombrilla hasta en las dunas son menorquines. Para evitar que el sopor invada esos ratos de playa, son también los menorquines los que ponen a todo volumen su altavoz bluetooth con su mejor playlist, en un esfuerzo cívico hacia sus conciudadanos que, curiosamente, no siempre es bien entendido ni recibido.

Pero el mejor de los trucos para evitar el calor a largo plazo lo reservo para el final: hágase su propia piscina en suelo rústico y llámela aljibe; junto a ella, construya un chalet y llámelo casita de aperos. No se deje amilanar por lo cara que está la construcción: si lo hace así se puede ahorrar el proyecto, las licencias y los impuestos. Y no, no tendrá ningún problema legal: todo vale en esta tierra para combatir el calor. Es un cuestión de salud. Aplíquese el cuento, querido conciudadano, y colabore con el esfuerzo común: hágase su piscina y su chalet, que le permitirán estar fresquito. O, mejor todavía, construya dos o tres, y así podrá alquilarlo a turistas: no hay nada que refresque más en verano que no tener que trabajar. En este país de frescos, no sea usted menos: refresque su cuerpo y congele su conciencia. Y sea un buen menorquín y no sature las carreteras ni las playas, o los turistas se podrían llevar una mala impresión. Cuando algo no tiene solución, lo importante es asegurarse al menos de que se puede formar parte del problema.

Publicado en la revista Ciutadella de Franc de julio de 2025.