Un buen café

Café

El café es el regalo de Dios a la humanidad.
– Ralph Waldo Emerson

Hay algo tan cotidiano en disfrutar de una taza de café que, a veces, se nos olvida que se trata de una tradición centenaria. El diccionario, en su incansable afán sistematizador, define el café como la «bebida que se hace por infusión con la semilla tostada y molida del cafeto». Muy simplificador, ¿no les parece? Esta definición ignora todo el ritual, toda la tradición y toda la emoción que asociamos al gesto diario de tomar un café.

En casa, en el bar o en la oficina o, poniéndonos algo más hipsters, en el parque o por la calle, disfrutar de una taza de café es una costumbre muy habitual. En nuestro país consumimos cuatro kilos y medio de grano de café tostado por persona y año. El cálculo es sencillo: a siete gramos de café molido por taza, resultan más de seiscientos cafés anuales por cabeza. Haciendo mis propias cuentas, tengo claro que me estoy tomando las tazas que corresponden a unos cuantos ciudadanos. A mucha distancia, en cualquier caso, de los doce kilos que consume cada finlandés: será cosa del frío.

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De carreras y corredores

Corredor

Escribo este artículo en un avión, volando de regreso a Menorca, después de un ejercicio voluntario de sufrimiento: la maratón de Madrid. No diré sufrimiento gratuito, porque hay que pagar y no poco para tener el placer de correr 42.195 metros. Tras poco más de cuatro horas de esfuerzo, sol intenso, algún calambre, cuestas sin fin, siete botellines de agua, cinco geles energéticos y tres cápsulas de sales minerales, he conseguido llegar a meta, prometiéndome que no volvería a hacer nada así e igualmente convencido de que rompería mi promesa a la primera oportunidad.

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De gatos y espíritus

Gatitas

Mi gata es ya muy mayor. Ni ella ni yo tenemos muy clara su edad, pero estoy convencido de que tiene más de veinte años. Conserva intacta su curiosidad y siempre ha sido muy cariñosa, aunque se le nota que últimamente ha perdido una cierta agilidad. Digo mi gata, aunque en realidad todos los que nos relacionamos con los felinos sabemos que los gatos son solo suyos y de nadie más. Me corrijo por tanto: la gata que vive en mi casa es muy mayor. No puedo contar su historia, ya que en realidad sólo he sido testigo de una fracción minúscula de su vida. Fue primero la gatita de mis abuelos, después la gatita de mi padre y ahora es mi gatita, o, lo que es lo mismo, ha sido siempre la gata guardiana de la casa familiar y su jardín.

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